Fue la torre más alta del mundo durante más de treinta años, hasta la construcción en 1930 el edificio de Chrysler en Nueva York
Veintiún salvas de cañón retumban en el cielo París cuando Gustav Eiffel iza la bandera tricolor en la torre de metal que todavía no lleva su nombre. Era domingo ese 31 de marzo de 1889 y a las 13:30 un grupo de invitados ilustres, entre los que se encuentra el presidente de la República, Sadi Carnot, acaba de subir los 1.710 escalones que llevan al tercer piso para inaugurar la torre, que es ese momento es la más alta del mundo.
Es el símbolo de la "grandeur" de la ciencia y la ingeniería francesa y por tanto bienvenido. Francia está en un bache económico y espiritual tras la derrota de la guerra de 1870 contra Alemania. El Gobierno trata de unir el país bajo el paraguas del patriotismo.
Las medidas de la "dama de hierro" son revolucionarias para la época. Tiene una altura de 312 metros (hoy llega a 324 si se incluyen las antenas) y pesa más de 10.100 toneladas.
Pero para llegar hasta allí Eiffel ha pasado un verdadero calvario. El autor de Bel-Ami, Guy de Maupassant, habla de ?una pirámide de escalones de hierro, un esqueleto desgraciado". Junto a su amigo Alexandre Dumas y otros muchos intelectuales y artistas de la época firman un manifiesto contra la torre "monstruosa" que provocará un "ridículo vertiginoso".

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